Por Rogelio Fabio Hurtado

La Habana. Después de tanto realismo sucio y falso, de tanta ficticia metatranca, llega Orlando Freire Santana con La Sangre de la Libertad y me pone a leerla de un tirón, fascinado.
Ganadora del I Concurso Literario novelas de Gaveta Franz Kafka, patrocinado por el Movimiento de Bibliotecas Independientes de Cuba y publicada en Praga, ha sido escrita, sin miedo ni alarde, por un cubano que vive en La Habana, dueño de una prosa transparente, ajena a efectismos groseros, como una conversación inteligente.
Es una novela breve pero capaz de abarcar las cuatro últimas décadas del pasado siglo y parte de la primera del siglo XXI. Para ello, sigue muy de cerca las vidas de tres familias, convecinas de un edificio de 4 plantas, fabricado por el gobierno revolucionario a mediados de la década del 60, en la muy habanera Avenida de Carlos III.
Dos de los cabezas de familia son revolucionarios. Uno de ellos, Osvaldo, economista de profesión, identificado con la Revolución, tan cubana como las palmas, que quemara etapas en su andar y arribara rápidamente al comunismo con sabor criollo. El otro, Oscar, profesor universitario francamente pro-soviético, quien preferÃa un proceso que combinara la raÃz nacional con las mejores tradiciones del proletariado y el socialismo internacional. Este Oscar enseguida se apropia de la presidencia vitalicia del CDR. Mientras, su mujer, Araceli encabezará la Federación de Mujeres Cubanas.
El tercer padre es Ãngel, quien no era revolucionario, más bien un tipo sin ideologÃa, que aspiraba tan sólo a comer bien, vestir bien y tener llenos los bolsillos de billetes. La presencia de este núcleo en el edificio obedecÃa a que el padre de Ãngel era un viejo luchador antimachadista.
Lo mejor de la novela corre a cargo de los vástagos de estas familias, Osvaldito y Vladimir, hijos de Osvaldo y Lucrecia; Mara y Susana, hijas de Oscar y Araceli, y Tony, hijo de Ãngel y Haydee, nacidos todos después de 1959.
El personaje de mayor envergadura es Osvaldito, un joven tÃmido con vocación intelectual, apasionado por igual de los ciclones, la filosofÃa y el ajedrez, el único a quien el autor le permite narrarse a sà mismo en primera persona. Después, Tony merece atención, pero casi siempre visto en tercera persona o desde la mirada de Osvaldito. Vladimir, hermano menor de este, aunque desempeña un protagónico que se potencia al final, no forma parte de la corriente principal. Las dos muchachas, una trigueña y una rubia despampanantes, no ganan nunca primeros planos, sino como parejas de los varones.
La novela está estructurada en dos planos narrativos, que se alternan: el primero describe el principio de una reunión disidente, posterior a la primavera negra de 2003 que tiene lugar en el apartamento de Tony, a la que asiste por primera vez Osvaldito y en la que toman parte varias figuras conocidas de la Disidencia-Oposición como Manuel Cuesta Morúa, Osvaldo Payá, Elizardo Sánchez Santacruz y Marta Beatriz Roque Cabello.
El otro plano abarca desde 1967 hasta 2005 aproximadamente, y le sirve al autor para pasarle revista crÃtica a los hitos que marcaron esos años, como la Zafra del 70, el Primer Congreso del Partido en 1975, los sucesos de la embajada del Perú, el éxodo del Mariel y la deplorable enseñanza universitaria durante el periodo de máxima influencia soviética (1974-1986) y ya en los 90, la Perestroika. En todos los casos, con observaciones penetrantes e independientes, a cargo de Osvaldito, a cuya vida Ãntima tenemos amplio acceso.
Al ofrecerle cobertura literaria al mundo de la disidencia cubana, Freire marca un momento importante en la validación de estas luchas pacÃficas consideradas ilegales por el régimen, cuya policÃa polÃtica no cesa de vigilar y acosar. Con sutileza, traza retratos no necesariamente complacientes de estas figuras, que ponen de manifiesto las pugnas internas que no han dejado de estar presentes. Asimismo, hace detalladas referencias a los infiltrados más notorios, como Manuel David Orrio y Néstor Baguer.
La novela concluye con dos acontecimientos adversos, la muerte en Angola de Vladimir y el fatÃdico toque a la puerta del apartamento de Tony de la troika de agentes del G-2, quienes llegan a interrumpir la discusión del Proyecto Cuba, la reconciliación nacional elaborado por el grupo de trabajo: Memoria, Verdad y Justicia, coordinado por la Dra. Marifeli Pérez-Stable.
Aunque la última palabra de la novela es infierno, por una cita de Eliseo Alberto que merece copiarse; Algún dÃa tendrá que suceder, y Dios quiera que sea sin odios ni rencores los cubanos nos sentaremos a repasar esta segunda mitad del siglo XX, a revivir las noches sin nosotros del exilio, las noches sin ustedes de la isla, a encarar los hechos y a ser hombres con la martiana serenidad de la justicia. Será la hora de la paz necesaria, y a fuerza de querernos como nunca antes en quinientos años, seremos capaces de comprendernos porque ha de ser una vez más, la única forma de perdónanos. ¡Ojalá que asà sea, y que sea pronto!
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