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Reseña de la soporífera novela de Gisbert Haefs. Que los dioses se apiaden de los lectores...
Creo innecesario justificar la importancia histórica de Alejandro Magno, así como la fascinación que ha producido en siglos posteriores: joven y carismático, su vida fue breve pero intensa, envuelta de exotismo y aventuras. Desgraciadamente, parece que ni la literatura ni el cine le han hecho justicia.
Prometo tratar en breve la conocida película de Stone pero, ciñéndonos a la literatura, es muy conocida la trilogía "Alexandros" de Massimo Manfredi. Como todo lo de Manfredi, es muy comercial y poco "sustancioso", siempre dentro de las reglas más estrictas de un "best-seller". Pero se lee con facilidad y hasta entretiene, todo sea dicho. Del ladrillo de “muchocientas” páginas que voy a reseñar no puedo decir lo mismo: lo acabé por orgullo y con más sufrimiento que gusto
Aunque antes de hacer ninguna crítica debo reconocer que Haefs sabe sobre lo que escribe. Más que de documentación hay que hablar de erudición porque conoce el mundo antiguo en detalle, desde las vidas de los grandes personajes hasta las miserias cotidianas de aquellas gentes. El problema es que el filólogo alemán desperdicia su talento escribiendo novelas históricas en vez de ensayos. Sólo así puede comprenderse, por ejemplo, que Alejandro Magno no empiece a tener protagonismo hasta casi la mitad del libro, algo sorprendente en un libro con este título. No me parece mal el protagonismo dado a Aristóteles -quizás mi favorito- pero otros personajes parecen hechos a propósito para que Haefs nos dé lecciones de Historia..
No me interprete mal el lector, porque me gusta leer tanto ensayos de Historia como ficción histórica. El problema es que creo que debe distinguirse entre la ficción y el estudio histórico, lo que no hace Haefs para desesperación del lector. Así descubrimos, tras páginas y páginas de explicaciones sobre las escalas musicales griegas, que una importante batalla es despachada en tres o cuatro líneas; por citar algún ejemplo de lo que puede encontrar el lector. Parece como si la historia de Alejandro Magno fuera secundaria y es que debe pensar Haefs que no tiene mucho sentido hablar de romances y batallitas habiendo temas tan fascinantes como la musicología griega o la estructura económica del antiguo reino de Macedonia. Sí, claro que una buena novela histórica debe enseñar Historia si no quiere quedarse en una mera novela de aventuras, pero siempre que no pierda agilidad, y me temo que el estilo lento y espeso no despierta el interés del lector por la Historia sino que lo aburre hasta decir basta. Malamente se puede divulgar la Historia con un estilo tan "ameno" que uno tiene la impresión de estar leyendo un libro de texto. Y es que, de haberlo sabido, hubiera ahorrado tiempo y dinero buscando el artículo de Alejandro Magno en la enciclopedia, posiblemente mucho más amena.
"El alemán más peligroso desde la caída del Tercer Reich", comentaba un internauta refiriéndose a Gisbert Haefs. No diría tanto, pero confieso que es leer su nombre y sentir unas irrefrenable ganas de bostezar, algo parecido a aquel anuncio de colchones Flex...
Autor
Gisbert Haefs, nacido en 1950 en Alemania, estudió Filología Inglesa e Hispánica. Ha traducido al alemán obras de Maupassant, Twain y Borges entre otros muchos. Como escritor ha cultivado diferentes géneros literarios, pero posiblemente sus mejores obras se inscriben en el campo de la novela histórica. EDHASA ya ha publicado con gran éxito de crítica y público (once ediciones vendidas) Aníbal, la novela de Cartago, la mejor novela para entender las guerras púnicas desde el punto de vista de los vencidos; El jardín de Amílcar, La carcajada del general, La primera muerte de Marco Aurelio, Rajá y Troya
Sinopsis
Todo tipo de presagios anunciaban el nacimiento de un hombre destinado a vivir grandes aventuras y cambiar el rumbo de la Historia... Pero todo ello no debe apartar la atención del lector de las lecciones del profesor Haefs sobre sociología y economía del mundo antiguo.
Conclusión
Es fácil resumir este libro en una palabra: aburrimiento, aburrimiento continuo y mortal desde el principio hasta el fin. No cuestiono la amplia erudición de Haefs pero quizás hubiera sido mejor para todos que fuera un ignorante de la vida y no torturara al lector con sus explicaciones de enciclopedia. Con un Alejandro Magno que no cobra protagonismo hasta casi la mitad del libro, despachando los episodios más emocionantes con prisa para detenerse en temas tan amenos como la construcción de liras y con un ritmo lento y tedioso, me atrevo a decir que es una de las novelas históricas más aburridas que han pasado por mis manos, por no decir que la que más.
Lo peor es que, en el mismo momento en que escribo esto, no puedo perder de vista la estantería. Otro tocho del mismo autor me está esperando y su protagonista es Aníbal de Cartago. Dicen que es un buen libro pero siento que un sudor frío me corre por la sien y cruzo los dedos con la esperanza de que sea diferente.
Prometo volver para contaros mi experiencia, si es que sobrevivo. Que los dioses me protejan.
Gonzalo Millán: Palabras sublunares
Alejandra Costamagna
Diarios de vida ha escrito muchísima gente. Reflexiones acerca de la muerte abundan en la historia de la literatura. Pero es bastante inusual dar con la bitácora diaria del desahuciado que no se limita al lamento; que al saber que la muerte está ahí, pisándole los talones, los pulmones, la rutina, la garganta y el genio, empieza a redactar una suerte de epitafio dilatado en sus ratos libres (que son casi todos sus ratos, en verdad), en el límite, rabioso, melancólico, sarcástico, y termina cuatro meses y doce días después sólo porque el desenlace así lo indica.
Veneno de escorpión azul es el libro póstumo-testamento-diario de muerte-poemario terminal del poeta chileno Gonzalo Millán, que acaba de ser publicado por Ediciones Universidad Diego Portales. Millán supo que tenía cáncer al pulmón y se largó a escribir. “Ahora me preocupo sólo de mí, me olvido de los otros. Me interno en el ensimismamiento porque veo con alarma que el barquero aborda su nave”, escribe al inicio del diario, una mañana de mayo de 2006 en que toma sopa de arvejas y no sabe bien contra quién enfurecerse, a quién reprochar la interrupción del hilo del relato. Un día de escritura torcida, con la palabra muerte como súbita muletilla, mirando por la ventana al vecino que afeita el prado, con motivación cero, citando a Ennio, a Rilke, a Beckett.
Morir no es fácil, se adelanta a decir Millán. “No basta/ con rendirse y darse por muerto. / El fin pide tu colaboración/ y complicidad”. Y de a poco empieza a colaborar sin voluntad, a hacerse cómplice. Teme la tos en las mañanas. Sueña que los demás se van y él se queda porque no puede encontrar documentos, pasajes ni plata. Despierta cada vez más temprano. Quiere fumar y el humo lo ahoga (a estas alturas no va a dejar el vicio). Fumar hierba le da más tos. La solución es la galleta con cannabis. Un amigo le hornea unas cuantas y el efecto es puro alivio.
Galletas como una hostia pagana. En adelante los apuntes se llenan de galletas: galleta al desayuno, a media mañana, después de la siesta, de noche, de pie, frente a la ventana, solo, escribiendo, mirando el Mundial de Fútbol, Argentina 2, México 1, en la casa de su mujer, en la cama de su mujer, en el último viaje al litoral central.
“La supervivencia de los que tienen más de 60 años me saca pica, la muerte de los menores de 60 me consuela”, confiesa a los 59. No sabe que si llegará a los 60. Mejor comer galletas y masticar ideas: “No tengo derecho a quejarme. Cosecho lo sembrado. Las semillas del placer engendran tubérculos venenosos”. La pregunta es cómo enfrentar la muerte: “acaso si viví como un loco, ¿me toca morir como un cuerdo virtuoso?”. La relación está clara: intensidad versus duración. Pero la enfermedad avanza, y ya casi no hay dónde elegir. Insidiosas y vagas ideas de suicidio que nunca se concretan. Pronto descarta quimioterapias y radioterapias, y se queda con el veneno del escorpión azul, una droga cubana que le entrega la escritora Pía Barros y que Millán bebe con más obsesión que esperanza al final de sus días. El combate del escorpión contra el cangrejo, como él lo denomina con humor solapado: “Somos una mayoría del cuerpo condenada a la muerte por una facción rebelde, suicida”.
Millán sabe que quedan pocas horas; que para todo corre ahora la última vez. Habla y fuma, sin embargo. Y escribe (cómo no) como si fuera a morir mañana. Apuntes cada quince, veinte minutos en el fin del invierno. La cabeza que no se rinde: “Cortar el cordón de la gravedad con el despegue arremetedor. Partir, echarse el pollo, virarse, irse siempre con el elástico, sin saberlo”. A tres semanas del desenlace, abandona el veneno cubano. El cangrejo se impone.
“El veneno del escorpión azul no sirvió de nada”, anota. “El resultado del scanner indica el crecimiento y avance del cáncer al pulmón. Es la confirmación de una condena de muerte”. Tres días más de escritura. Citas a Marcial, a Virgilio, a los queltehues que gritan en los prados nublados. A punto de cumplir 60 años, gana el cangrejo. “¡Qué sé yo si habrá luz y sombra o nada! Hasta aquí llego yo con mis palabras sublunares”.
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