Por Pedro Corzo
Miami. El experimento castro guevarista no solo se impuso cambiar el sistema socio pol铆tico cubanos, sino modificar la naturaleza humana y por esa raz贸n iniciaron un proceso enfocado al ciudadano que ellos identificaron como la creaci贸n del hombre nuevo.
Estatizaci贸n de la ense帽anza. Adoctrinamiento pol铆tico en las escuelas desde los primeros grados. Creaci贸n de los pioneros. Escuelas al campo. Becas en el extranjero. Expediente pol铆tico para cada estudiante. Depuraci贸n sistem谩tica de los profesores. Disminuci贸n de la influencia de los padres y muchas medidas m谩s que ten铆an como fin forjar un sujeto listo para acatar los mandatos que procedieran del Olimpo castrista.
La idea era forjar ciudadanos modelos. Hombres y mujeres que soportaran estoicamente todos los sacrificios en la instauraci贸n y defensa del socialismo. Pensaron en un ciudadano de mentalidad colectivista, trabajador, sin ambiciones personales y listo para dar la vida por los ideales que promov铆a la revoluci贸n triunfante.
Mientras fueron ni帽os y todav铆a la utop铆a parec铆a posible, el gobierno y muchos padres impulsaron a sus hijos a formar parte del para铆so prometido. Obediencia, defensa de las consignas y silencio ante los atropellos del pr贸jimo que no aceptaba el discurso oficial.
Aquellos ni帽os crecieron y se convirtieron en hombres y mujeres sin contacto directo con la libertad y el derecho.
Con el paso de los a帽os, los mandantes que ya envejec铆an creyeron encontrar el relevo en sujetos como Roberto Robaina y Felipe P茅rez Roque, entre otros, que sirvieron m谩s por oficio que por convicci贸n, y de ah铆 la defenestraci贸n que padecieron, pero tambi茅n hay, sin garantizar sus compromisos pol铆ticos futuros, gentes como Maidelys Gonz谩lez, dirigente de la Uni贸n de J贸venes Comunista de Cuba, que plante贸 en un discurso que 鈥渓a tibieza y la falta de identidad del militante son factores que ponen en peligro la continuidad hist贸rica de la revoluci贸n鈥濃.
Otros muchos callaron, sirvieron en silencio o simplemente rechazaron la cadena. Crecieron germinando dentro de ellos, quiz谩s imperceptiblemente, hasta el d铆a que un factor catalizador lo desencaden贸, la convicci贸n de que todo ciudadano es libre y soberano y con pleno derecho a decidir sobre su destino.
Por suerte para Cuba la decisi贸n de actuar, echar andar y cambiar el pa铆s, la han tomado muchos de esos j贸venes, al extremo que mencionarlos a todos no es posible.
Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza, Ivonne Malleza Galano y Sara Marta Fonseca, todos nacidos despu茅s del triunfo de la Revoluci贸n, educados en sus escuelas, formados en el despotismo pero conscientes de que tienen pleno derecho a ser libres no solo han puesto en juego su precaria libertad, sino que tambi茅n han estado dispuestos a arriesgar la vida e inmolarse, como hicieron Zapata y Wilman.
La prisi贸n de Malleza Galano, liberada el mismo d铆a que sepultaban a Wilman, muerto como consecuencia de una huelga de hambre en protesta por los abusos del r茅gimen, no es la primera vez, desgraciadamente tampoco ser谩 la 煤ltima, que una mujer cubana va a la c谩rcel por defender su derecho a opinar y manifestarse.
Wilman Villar Mendoza ten铆a 31 a帽os. Casado y con dos hijas. Su esposa Maritza Pelegrino, Dama de Blanco, no pudo verle antes de morir, y como si no fuera suficiente, la maquinaria propagand铆stica del castrismo, con la asistencia de sus defensores en el exterior, inici贸 una campa帽a de descr茅dito contra un joven que fue sancionado a cuatro a帽os de c谩rcel por participar en una protesta contra la dictadura.
Los esbirros no soportan la entereza moral de sus cautivos. Cuando Wilman protest贸 con una huelga de hambre por la injusta sentencia, fue aislado, remitido a una celda de castigo sin ropas, desprovisto de todo, menos de su entereza moral.
La muerte de Wilman no es la primera, al menos otros trece prisioneros pol铆ticos cubanos, incluido Zapata, murieron por las mismas causas que 茅l entreg贸 la vida y puede que no sea el 煤ltimo, porque recurrir a la huelga de hambre como un gesto de supremo sacrificio ante el totalitarismo castrista, es una pr谩ctica a la que los prisioneros pol铆ticos cubanos recurren con mayor frecuencia.
La huelga de hambre se ha ido convirtiendo en la mente de la oposici贸n cubana en una protesta suprema ante la voluntad criminal del r茅gimen y tambi茅n contra el ego铆smo de quienes no quieren ver ni escuchar, ni en Cuba ni en el extranjero, la dura realidad del castrismo.
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